El embarazo de Mariana transcurría como el que cualquier mujer desea: no hubo náuseas ni otros síntomas, ni piel fea ni antojos, mi barriga era pequeña y proporcionada y no tenía ninguna contraindicación o regla que rechazara una vida normal. Renuncié al trabajo al tener 5 meses de embarazo porque quería dedicarme a mi bebé y me fui a acompañar a mi esposo a un viaje de trabajo 1 mes a los Estados Unidos. Allí los días se pasaron sin darnos cuenta y debíamos regresar a Colombia en dos días cuando, de repente, sentí que me mojé toda la ropa y me mojé y  me mojé sin parar, y empecé a sospechar lo que estaba pasando. Mi esposo estaba dormido al lado y lo desperté diciéndole “amor tengo agua por todas partes pero no me oriné” y con risa nerviosa corrí hasta el baño donde confirmé que no era orina lo que salía, y supe que era líquido amniótico pues podía sentir de dónde salía y era totalmente transparente. Llamé a mi obstetra en Medellín y al describirle la situación me dijo que me fuera para el hospital inmediatamente y tratara de permanecer acostada lo más que pudiera, a lo cual hice caso muy nerviosa, y cuando iba a colgar me dijo “creo que vas a tener una hija americana, prepárate”. Salimos para el hospital, obviamente sin maletín de parto ni cosas referentes a él pues todo estaba esperándonos en Medellín, donde se suponía que iba a nacer Mariana. Entramos en urgencias y nos atendieron amablemente, yo no podía parar de pensar que todo estaba sucediendo muy rápido y que debía ser un sueño o algo así. Cuando la médica confirmó que era líquido y la cantidad que quedaba, nos dijo que yo me quedaría en una sala de parto porque lo más normal era que si había reventado fuente, el cuerpo entrara en estado de parto en las 48 horas siguientes, ¡Con 28 semanas de embarazo! Apenas me acordaba de haber leído que como a eso de las 25 semanas (solo tres antes) el bebé ya estaba formado del todo, y, ante una eventualidad de nacimiento, podría sobrevivir con mucha ayuda y esas palabras retumbaban y revoloteaban en mi cabeza junto con todo lo que se venía encima: mi mamá no estaba conmigo, no teníamos nada, ni siquiera alguien a quién acudir, solo estábamos mi esposo y yo, y la vida de Mariana. Entré al cuarto al que me remitieron, con una cama como de ginecólogo, muchas luces y una cunita vacía en una esquina, y solo podíamos morirnos de la emoción de pensar que en unas horas conoceríamos a nuestra princesa, mezclado con risa, combinado con lágrimas, preocupación e incertidumbre. Pasaron 9 días en los que no me pude parar, siempre cuidando el líquido, hacía pipí en un pato y popó también, mi cuarto no tenía ventanas, no podía ni bañarme y todo eso solo con mi esposo, me hacían exámenes permanentes cuidando que no fuera a entrar ninguna infección pues estaba rota la bolsa y ante el mínimo signo, debíamos entrar en parto; 9 días son 9, una eternidad para tremenda ansiedad y a la vez como un castigo, la higiene es algo que te convierte en princesa o gamín y yo me sentía encarcelada. Al día 9 mi esposo le pidió permiso al médico para sacarme en silla de ruedas a almorzar a la acera del hospital y él entendió y aceptó. Mi esposo compró comida del hospital y salimos a la acera en busca de “libertad” y me puse a llorar cuando vi el sol, almorzamos en unas escaleras y nos devolvimos al cuarto, nos recibió la noticia de que ese día nacería Mariana porque había alto riesgo de infección. -“Quiero un parto natural”- le dije al doctor. Él prometió complacerme hasta donde más pudiera pero me explicó que como la bebé venía prematura no debíamos exponerla demasiado al estrés que implica un parto muy largo o una dilatación muy lenta, por lo que me propuso que indujéramos el parto con una hormona que se inyecta y esperáramos a ver cómo evolucionaba el cuerpo. Así me veía en ese momento, cuando estaba lista para que me llevaran a la sala de partos y me dejaron bañar:
Mamá con amor

 

 

Mi mamá y mi suegra alcanzaron a llegar para estar con nosotros en ese momento. Me pusieron la droga y pusieron un límite de tiempo: si en 6 horas no había dilatado lo suficiente y no tenía contracciones fuertes, recurrirían a una cesárea, pero yo estaba segura que sí podríamos lograrlo de manera natural. Como a las 3 horas empecé con las contracciones. Había una máquina que imprimía papelitos con montañas pequeñas y grandes, dependiendo de si la contracción había sido elevada o no, y yo solo sentía como un cólico menstrual a veces fuerte a veces normal. El médico y las enfermeras se sorprendían de mi umbral del dolor, y muy cerca se oían gritos de mujeres que estaban en las mismas que yo, me sentía fuerte. A las 6 horas no había dilatado NADA y tenía contracciones muy fuertes, me hacían brincar un poquito de la cama cada que las sentía; el médico me dijo que no debíamos renunciar a nuestro plan inicial y que me preparara para una cesárea. Yo estaba tranquila hasta que dijo eso y vi que en ese instante llegaban con una silla de ruedas por mí, pensé que podía siquiera pensar un rato o esperar más pero era en ese instante que todo estaba pasando, mi hija iba a nacer. Me despedí de mi mamá y mi suegra y mi esposo me acompañó a la sala de cirugías. La anestesia fue en la columna, me pincharon dos veces porque la practicante de turno no lo supo hacer y el médico tuvo que corregirla, y en ese momento ni me importó, solo pensaba en conocer a Mariana, la que por tanto tiempo me había imaginado y ya iba a nacer. Me pasó un corrientazo caliente por el cuerpo y en un segundo ya no pude mover los pies, ni las piernas, ni la cadera. Me hicieron varias pruebas de sensibilidad y sentía pero no me dolía cuando me pellizcaban. Empezó el procedimiento y me pusieron una tela en frente de la cara. A mi esposo lo sentaron a mi lado para que me cogiera la mano y tampoco lo dejaban ver. Yo sentía todo pero sin dolor, sentí cuando cortaron, olía a chicharrón, sentí cuando empezaron a hacer presión desde el pecho hasta abajo y de repente le dijeron a mi esposo “párese que su hija va a nacer” y él se paró muy obediente con el celular y la sacaron y bajaron la tela y me la pasaron y tomaron la foto y la vi y conté los dedos y las manos y los pies y se la llevaron. Así como lo cuento fue, o más rápido. Y vimos que la pesaron y pesaba 1 kilo 900 gramos (fue una sorpresa que estuviera tan grande para el tiempo que tenía) y la midieron y eran 25 centímetros de una cosita viscosa y gritona pero totalmente llena de vida.

Mamá con amor

Me recuperé y me explicaron que la bebé había tenido que ir a la incubadora. Ese riesgo ya nos lo habían explicado debido a las semanas de embarazo. Pero la vimos tan grande y vital que por un momento esa posibilidad se borró de nuestras mentes. Cuando confirmaron que sí había requerido ir a la NICU (Sala de Cuidados Intensivos en Inglés) fue un momento difícil. Fuimos a verla y no pudimos tocarla. Estaba metida en una cajita totalmente envuelta de cables y lámparas y cosas extrañas y yo quería practicar mi nuevo rol de mamá y abrazarla y darle mi leche como lo había leído tantas veces; y el papá estaba preparado para echársela al pecho como le habían recomendado sus amigos, pero no pudimos más que verla y oír los monitores que pitaban muy duro cada vez que dejaba de respirar y el oxígeno le inflaba el pecho, o cada vez que su oxigenación se caía y actuaban muchas máquinas al rescate.

Mamá con amor

 

Mamá con amor

 

Los primeros 4 días estuve en la clínica recuperándome de la cesárea, me dolía más el hecho de irme al cuarto sin mi bebé y la incertidumbre de si todo eso que estaba pasando iba a terminar en un final feliz. Iba una señora a visitarme y a explicarme que yo debía dar leche por medio del extractor porque Mariana no sabía chupar y no aprendería sino varias semanas después, y que si yo le daba mi leche saldría de la NICU en la mitad del tiempo que si le daba fórmula. También me dijo que somos animales y no hay vacas que no den leche, así como no hay mujeres recién paridas que no den, a menos que exista una enfermedad de por medio, y yo le expliqué que en Colombia me habían dicho que no todas daban leche y me dijo que uno podía elegir entre dar leche o ser caprichoso. Me recomendó que me extrajera cada 4 horas y se me volvió un reto: si la leche mía era lo que nos iba a devolver a nuestra Mariana iba a dar toneladas de leche, fuera como fuera. Y me sonaba una alarma y cada 4 horas estaba yo frente a esa máquina, a veces llorando porque es como 100 alacranes pegados del pezón y al principio salían 5 goticas. Pero cuando empecé a ver llenarse esos tarros entendí que estaba cumpliendo con mi parte, y recé también para que Mariana estuviera cumpliendo con la suya, de sobrevivir lo mejor posible a esa caja y así lo estaba haciendo.

Mamá con amor

 

Al cuarto día fue un día muy feliz: pudimos cargarla por primera vez. La foto me encanta porque revela todos los sentimientos envueltos: risa, llanto, nervios, amor… Mil. Era un tamalito hermoso lleno de fragilidad y a la vez de vida. Le toqué todo lo que estaba descubierto, le canté y la cogí pensando en todo lo bonito que alguna vez había oído. Me prometí ser la mejor mamá del mundo si ella sobrevivía. Me invadía un sentimiento eterno de bondad.

Al cuarto día fue un día muy triste: tuvimos que volver a casa sin Mariana. Los días anteriores estaba a tres corredores de distancia, caminados muy despacito por la cortada de la cesárea, pero a partir de ese día estábamos a media hora de ella, a semáforos y tráfico. No pude evitar llorar, como si la hubiera perdido, como si me la hubieran robado, y en efecto lo estaban haciendo. Creo que no hay momento más duro de esta historia que ese en el que tuve que abandonarla. Me sentía la peor mamá, incapaz de estar con mi cría, incapaz de haberla mantenido en mi barriga más tiempo. Pero mi tristeza se apagaba por largos ratos mientras estaba al lado de ella, teniéndola como canguro, oyendo siempre los progresos que había tenido como la mamá más orgullosa: “hoy no paró de respirar”, “hoy abrió los ojos mucho rato”, “hoy le quitamos algunos cables y respondió bien”, siempre en progreso y nunca retrocediendo, mi Mariana siempre fue la heroína. Y las enfermeras me hacían ver que ella era la fuerza que me faltaba en los momentos difíciles, me decían que ella la tenía para sobrevivir, también la tenía yo para aguantar.

Mamá con amor

 

 

Y los días fueron pasando y ella progresaba y progresaba pero su graduación de la NICU era que tomara leche de mi pecho. Eso significaba que ella había desarrollado la succión y podía irse a casa. Fueron 19 días de muchas cosas: a nivel de pareja, enfrentar esta situación nos hizo crecer y entender que nuestra familia éramos nosotros 3, no mi mamá ni la mamá de él y que así debíamos darnos fuerza. A nivel personal, aprendí la paciencia, me preparé mejor como mamá al no tener más que mi intuición para manejar toda esa situación y aprendí a confiar en mí misma. A nivel social, entendí que son muy valiosos los consejos que me pudieran dar pero la última palabra siempre la tengo yo y nada pasa si desconozco lo de moda o lo que se usa. Y así fue una experiencia que me abrió las puertas a un área del conocimiento nuevo, que por más estudiado que esté no se entiende hasta que se vive. El parto es la puerta a ese campo, a esa nueva vida que está por comenzar y que cambia la que hasta ese momento se venía viviendo.

La experiencia más extrema, más tierna, más aventurada, más débil, más amorosa. Todos los adjetivos caben para describirla. En mi caso, la más hermosa de mi vida.

Mamá con amor

Mamá con amor

Tal vez este sea uno de los temas que me parece más importante dentro de todo lo que implica ser mamá. Vivimos en un mundo donde tenemos exceso de información de todo tipo, y en una sociedad (latinoamericana) donde disfrutamos de familias muy unidas y la calidez de las personas es una característica casi obligada. El problema que hay con eso es que dejamos de pensar muchas veces para darle cabida a lo que dicen los expertos y los seres queridos.

Hoy es casi una imposición contar con una persona que nos ayude incluso antes de tener bebé. La gente dice que las enfermeras y niñeras son una obligación, que los niños no deben alimentarse ya porque es de “indios” y hay leches en polvo que lo reemplazan, que deben tener x juguetes para poder desarrollarse bien, deben tener iPad desde incluso antes de ver los colores, y así un montón de cosas que a veces ni nos tomamos el trabajo de comprobar si en realidad si son tan ciertas o tan buenas como generalmente se cree.

En mi caso, me tocó enfrentar sola y en otro país el parto, y fuera de eso fue una emergencia. No contaba con la gente que todo el tiempo me repitiera qué hacer al principio, solo estábamos mi esposo, la vida de Mariana y yo, nadie más. Y no me pudo parecer una mejor experiencia para darme cuenta que como seres vivos estamos dotados de intuición, y como seres racionales la complementamos con el sentido común; aunque mi bebé requirió de especiales cuidados siempre supe qué hacer y lo hice bien. Lo único que aprendí (y lo más valioso) fue a creer en mí como mamá pues aunque estaba estrenando ese título la naturaleza misma me había graduado de esa carrera. Obviamente, hay que oír consejos, leer, informarse todo lo que uno quiera, pero en últimas las que sabemos qué es necesario y qué no, qué es bueno y qué no, somos las mamás de cada criaturita. Mi invitación es no dejarnos llevar por el consumismo, ni por las ideas muchas veces vacías de sentido común, si la tierra nos dio un hijo, la tierra también nos dio las herramientas para tratarlo día a día. Sólo hace falta buscar las respuestas dentro de cada una de nosotras y confiar en eso que encontramos.

Mamá con amor

 

¡Hola a todos! Esta soy yo. Una mujer y mamá real, como todas. El propósito de abrir esta página es compartir mi experiencia como mamá joven pues en esta época, donde toda la información está a nuestro alcance, hacen falta personas que nos traduzcan esa información y le impriman sentimientos. En mi caso, mi labor de mamá es pura intuición y solo un poco de estudio; renuncié a mi trabajo como abogada en una firma para dedicarme a mi bebé y sacarle el máximo provecho. Comparto mi experiencia pues los hijos no vienen con manual de instrucciones y espero que este sea un espacio de crecimiento tanto para los visitantes como para mí, la creadora.

¡BIENVENIDOS!

Lactancia

 

HISTORIAS SIN CONTAR

Si bien he abandonado muchos temas en los que ya no me veo inmersa -la lactancia ya no hace parte de mis días-, hace poco me preguntaron algo sobre el tema, y descubrí que hay una historia que no merece morir en la laguna mohosa de mi memoria.

Recordando lo que viví en torno a esto, me acordé que, cada que hablaba de lactancia, siempre tenía que decir, a modo de explicación extendida, que no fui esa mamá con la teta al aire PORQUE Mariana fue prematura. Aprendí a extraerme muchos días antes de que su cerebro estuviera listo para succionar y, entonces, cuando lo logró, mi producción excedía brutalmente sus necesidades, chorreando todo lo que estuviera cerca, y ahogando constantemente la bebé. Esto me llevo, sin otra opción, -DECÍA ANTES- a serle fiel al extractor y no a la teta directa. Después con Elisa, intenté el amoroso y sereno acto de amamantar; ella succionaba perfecto y al ritmo de la teoría, y no me sentí del todo cómoda, aquí va mi confesión: NO ME GUSTÓ (esto nunca lo dije antes). Eran pocos los instantes en que lograba sentir la “conexión”, luego del dolor, el estrés de chorrear todo, el público… No quise seguirla pegando, fue una decisión sin excusas ni disculpas, aunque en mi versión anterior dijera algunas verdades como que “ya le había cogido el tiro al extractor y entonces me parecía mejor”, o que “igual Elisa se mojaba por el exceso de leche”. La primera verdad es que NO ME SENTÍA CÓMODA. El tiempo regala libertad y permite tomarle distancia a las cosas; hoy me siento bien escribiendo esto, y admitiéndolo.

Un día, después de una toma, Elisa se durmió y empezó a respirar raro. Mi marido y yo la notamos morada y la sacudimos hasta que vomitó una costra de mis pezones. ¡Gas! (Se que me van a acribillar por esto, que es natural, que cómo puedo sentir asco) sí, sentí puro asco, y me dio rabia saber que un pedazo de piel mía, hubiera podido matar la bebé. Sufrí en los días previos, porque me molestó sacar una teta delante de mi suegro, y de mi papá -por más natural que sea, otra vez-, y también delante de los amigos de mi marido; no logré sentir la dicha que algunos presumen, e inlcuso hoy me toca parar el almuerzo cada que hago contacto visual con un pezón negro a plena luz del día.

Amé el extractor. Amé ver el amor evidente que hubo en el nuevo papá cada que atornillaba un tetero de leche mía, o se fijaba con cuidado en la antigüedad de las bolsas congeladas con mi leche. Amé la conexión que pudo tener mi mamá, mi suegra, y todo el que visitaba nuestra casa los primeros días, con las recién nacidas que, desde entonces, iluminaron cada rincón de nuestra existencia. Y me comprometí con ese invento tecnológico a tal punto, que pude dar asesorías al respecto, gracias al conocimiento adquirido en los cursos de las incubadoras en EEUU. El extractor fue lo mío, y logré lactancia materna exclusiva con Mariana hasta sus ocho meses, con Elisa hasta los tres, y con Felipe, hasta los cinco.

Realmente la historia que no merece morir es la de Felipe -el resto de cosas que les conté hasta aquí me fueron saliendo como burbujas que no pude contener, ustedes me perdonan por mi afán de reivindicar a toda hora, las posibles y reales sensaciones de la vida de mamá-.

La historia:

Cuando alimentaba a Elisa, nos dimos cuenta que tenía una brutal intolerancia a la lactosa. Para no abandonar la lactancia, me mandaron una dieta especial en la que ni lácteos ni derivados estaban invitados. Para poder darle mi leche, tenía que estar limpia de ellos, y la verdad es que no era fácil para mí lograrlo (nunca he hecho dietas de ninguna clase, con éxito). Empecé a marcar las bolsitas de leche según las horas que pasaba cumpliendo la dieta, o sin cumplirla, y acumulé un congelador completo de leche inservible para mi bebé. Puse un post en Instagram diciendo “regalo mi banco de leche”, y en menos de cinco minutos, una amiga me llamó. Ella no pudo alimentar, por una condición médica, y le dije que claro, mi banco era de ella, todito. Y entonces, por varios meses, presencié algo que me pone los pelos de punta cada que lo pienso: Viernes, tres de la tarde. Sonaba el timbre de mi casa. Llegaba el papá, nevera de icopor, hielo seco. Devolvía las bolsitas bien lavadas, y con la mayor delicadeza, desocupaba mi congelador en su nevera, despacio, siempre hablando del mismo tema, “no tenemos cómo pagarte este favor, en verdad para mi esposa es difícil no ser ella la que alimente al bebé, pero aquí te trajimos estos mojicones en agradecimiento” (mojicón: alimento con leche) y yo, con una risita interna (más mojicón menos leche para Elisa más leche para Felipe), recibía la cajita cada semana, enternecida de ver un ejecutivo voltearse la corbata para acomodar las bolsas en cuclillas, y arrastrando la nevera de icopor.

En estos días que hablé del tema, no había hilado que también fui testigo -y no solo encarné, forzosamente- esa ternura, de la que hablan en la lactancia. Yo fui testigo y no sólo actriz principal de ella. Yo vi cómo mi esposo, día a día, puso las gotas de leche en las jeringas que alimentaron a Mariana por veinte días, y le permitieron abrir los ojos y moverse y ganarle a la muerte; y a Elisa mientras yo descansaba de la cesárea; y también vi cómo el marido de mi amiga cargó esa nevera por más de cuatro meses, yendo y viniendo, y desocupó la mía, de corbata, en cuclillas.

 

 

Pd: Tengo UNA foto feliz amamantando, que la tomé el día en que Mariana aprendió a succionar, y eso, más que la lactancia misma, significaba progreso cerebral. Quisiera yo, cada que alguien habla de su experiencia como mamá: “progreso cerebral”, para entender que cada una tiene unos retos, unas elecciones, unas libertades que hacen única su historia, no por eso más, o menos valiosa. Yo tuve la fortuna de contar una historia de lactancia, cuyos protagonistas fueron dos hombres.

 

 

 

Mamá con amor

 

ALGUNOS APUNTES SOBRE EL SUEÑO DEL BEBÉ

Lamento decirte, antes que nada, que esto no es un manual que garantiza noches placenteras con hijos en la primera infancia. Son meros apuntes que si bien no garantizan nada, pueden ayudarte.

En primer lugar, debes saber que el sueño es un proceso neurológico. Esto quiere decir que, tal como algunos decidimos irnos de casa a los 22, otros a los 40 no se sienten listos. Los procesos de desarrollo neurológico operan de muchas maneras, y nosotros, como padres, mentores y responsables, “poco” podemos hacer para acelerarlos -si la decisión que tomamos es respetarlos-.
Ahora, hay miles de métodos que prometen entrenar a los bebés para dormir toda la noche seguida pero, ¿A qué costo? Los seres humanos actuamos bajo patrones. Si un bebé llora, es porque está poniendo en práctica su único recurso para requerir ayuda (sea tetero, frío, calor humano, mamá). Si desconocemos este llanto y no acudimos al llamado, el bebé aprende a dormir toda la noche, pero no porque estaba listo, ni porque maduró, neurológicamente hablando. Lo que pasó es que adquirió un patrón de la siguiente manera: si lloro en la noche, nadie va a venir a buscarme; por eso, ni lloro. Esto puede tener o no repercusiones: si actúas así en todas las esferas de la vida del bebé, será un patrón que se replicará creando una constante sensación de abandono, pero si solo lo haces en el sueño, puede que no sume hasta convertirse en tan atroz consecuencia, puede que sí. Por eso muchos padres lo aplican, dejando al azar los efectos colaterales.
Si eres una mamá que optó por alguno de estos métodos y te funcionó, no te sientas mal. Ya tu bebé logró pasar la noche y esa catalización del resultado no va a causarle un trauma si en todos los aspectos de su vida tiene atención, cariño y cobertura pronta de sus necesidades. Si intentaste alguno de esos métodos y no te funcionó, no te sientas mal tampoco. Tú y tu bebé lo van a lograr cuando él esté listo.
En segundo lugar, te explico más o menos cómo funciona el sueño: el sueño tiene muchas etapas, y pasamos por ellas a lo largo de la noche. El paso de una etapa a otra genera despertares pequeños, que incluso los adultos tenemos, pero que ya ni nos damos cuenta que ocurren, porque somos maduros neurológicamente y logramos conciliar el sueño sin mayor esfuerzo. La etapa inicial es muy importante en este proceso, pues, cada que el bebé pasa de una etapa del sueño a otra, va a necesitar de las condiciones iniciales para conciliar el sueño. Entonces, si tú duermes al bebé en brazos, con tetero y cobija, cada que el bebé pase de una etapa a otra y tenga ese “mini despertar”, va a requerir brazos, tetero y cobija para lograr conciliar de nuevo el sueño. Es importante que, desde que decidas que el bebé se irá a la cama a dormir, pongas las mismas condiciones que puedas seguir sosteniendo durante la noche, para que él aprenda (dentro de sus posibilidades neurológicas), cómo quedarse dormido. Por eso la mayoría de métodos recomiendan que ese momento se de en la cuna del bebé, en su cuarto, con el fin de que el bebé no requiera ser cargado y paseado por la casa entera.
En tercer lugar, la rutina es campeona, no solo para éste, sino para todos los aspectos de la crianza. Tener una rutina que le permita al bebé tener certeza de lo que pasa, es ideal. Esta rutina varía según las condiciones de la familia y los gustos, pero es importante que sea a la misma hora y siguiendo los mismos pasos. Por ejemplo: comemos a las 6, tomamos un baño, nos ponemos la pijama, nos lavamos los dientes, vamos al cuarto del bebé, le decimos que es hora de dormir, ponemos una luz tenue, nos acostamos con él, le contamos un cuento de empoderamiento de este proceso, por ejemplo: “juanito tenía miedo de dormir solo, pero juanito aprendió que durmiendo crecería más para poder lograr todo lo que quería, poderse montar a todos los juegos del parque y darle besos a papá y mamá sin montarse en sillas. Entonces cada que juanito se despertaba por la noche pensaba: “todo está bien, es hora de descansar y papá y mamá también están dormidos” y juanito cerraba sus ojos y volvía a dormirse”. Ese cuento es lo último que haces y de ese momento en adelante no hay celular, televisor, bulla, juguete, historias… Si el bebé quiere ir al baño, entre todas las cosas que con una creatividad desbordada se les ocurren a esta hora, en la medida de lo posible lo acompañas sin prender luces y sin subir el volumen tenue de la voz ni la disposición para acabar el día. Le recuerdas suavemente que es hora de dormir y que mañana podrán hacer de todo, jugar, hablar, revisar la nevera y otras cosas que sí pueden postponerse hasta el otro día. Cuando has tomado la decisión de dormir, es a dormir.
En cuarto lugar, puede que el bebé se siga despertando (es lo más seguro). Pero cada que eso pase, tú vas a su cuarto y le recuerdas que todo está bien, que está de noche y que estamos descansando, que papá y mamá también están durmiendo y que puede dormirse sin problema. Expertos aseguran que emitir sonidos como “shhh shhh” suavemente, o “ttttt tttt”, lo ayudan a arrullarse mientras recobra el sueño necesario para seguir durmiendo.
¿Hasta cuándo ocurrirá esto? Hasta que su sistema neurológico esté listo para pasar de una etapa a otra sin ayuda. Sin duda los cuentos de dormir lo empoderan para que su cerebro, por programación neurolinguística, actúe mejor. Jugar en el día a que sus muñecos duermen sin pasarse a otras camas, sin tomar tetero, explicarle mediante canciones o historias de experiencias propias o ajenas que la noche es para descansar, ayudan a que ese proceso neurológico se acelere, sin garantías de tiempos específicos.
Ahora, es importante que sepas que siempre habrá bebés más pequeños que el tuyo que pasan la noche derecho, y también niños más grandes que no lo hacen. Compararse en la maternidad no sirve de mucho, sobre todo cuando de aspectos que te desgastan se trata. ¿Cuándo puedes empezar a aplicar esto? Cuando sientas que ya tu bebé podría estar despertándose por su incapacidad de pasar de una etapa a otra. Si sientes que tu bebé todavía puede tener hambre, requerir calor o compañía, u otro motivo de supervivencia básica, NO SIGAS ESTE MÉTODO, siempre sigue tu instinto. Esto generalmente ocurre al rededor del año (a veces antes, a veces después).
Sé que es agotador un bebé que no duerme derecho, o mejor, un bebé que no te deja dormir toda la noche y lo digo con conocimiento de causa. Mariana aprendió a dormir cuando Elisa nació. Tenía más de dos años y se despertaba más de 7 veces en la noche. Pero yo elegí el camino de respetar su proceso y ya pasó, lo logró. Creo también que esto, que no es tan bueno de ser mamá, es el precio que pagamos por tantos beneficios hermosos que vemos en los hijos. Un buen tip para aguantar este trajín es que, cuando te despiertes tú en la mañana, no importa la noche que hayas tenido, te digas a ti misma “RESET”, empieza mi día sin pensar en la mala noche, nadie me detiene y voy a vencer este cansancio. Lastimosamente siendo mamás nos damos cuenta que dormir no forma parte de las necesidades básicas del ser humano, jajaja, podemos sobrevivir siendo zombies.
Espero que te hayan servido estos consejos.
Un abrazo
SUEÑO1

obediencia

No hay una sola cosa en mi vida, de esas que la sociedad llama “determinantes”, que yo pueda atribuirme como acto consciente, o responsable. La gente dice que hay dos elecciones que marcan la vida de una persona: la carrera profesional y el matrimonio. Y por más que hago el esfuerzo de recordar el momento en que decidí lo uno y lo otro, no me queda más remedio que aceptar que en ambos momentos me envolvía una especie de ebriedad: en el primero, una inmadurez que me hizo carente de comprender lo que hacía; el segundo, el enamoramiento: entorpecedor de decisiones racionales, y nuevamente pócima que me hizo carente de comprender, una vez más, lo que hacía.

Ahora, lo que sí cuento con orgullo, es que, después de haber tomado esas decisiones que la sociedad llama “determinantes”, las asumí con la seriedad del caso, y terminé convencida de haber elegido correctamente. Si bien mientras decidí, creyendo que trazaba planes y proyectaba mi futuro en varias etapas, realmente lo hice torpe, muy torpemente; no conocía un camino cercano, seguro, confiable para que pudiera planificar algo al respecto. Y después, poco a poco, mientras se fueron desenvolviendo ambas decisiones y ocuparon muchos años de mi vida, supe, como despertando ante los estruendos, caminar; a los ojos de los demás erguida, pero a los míos, hoy más burlones que de costumbre, “como araña recién fumigada”.

Hoy, sin presumir absolutamente nada, me encuentro con que llevo varios meses, tal vez un par de años, sintiendo casi todos los días de mi vida felicidades. Y es que nos han convencido –y yo se que no es así- que la felicidad se siente siempre y late, y desborda cada ser que la alcanza. Prefiero entonces decir que, si bien no pertenezco al minúsculo grupo de personas mega felices all-day, sí hago parte del que siente “diarias y simultáneas felicidades”; para aclarar cualquier cosa: yo, la hija de mis elecciones – el disparate o azar que ellas constituyen- logré sobre ponerme a las posibilidades que me jugaron en contra, a haberme burlado de la sociedad, y haber tomado mis decisiones ebria (por las razones que arriba dije, no por alcohol). O que, en todo caso, cualquier humano puede decidir alcanzar algo que nos ha sido dibujado como resultado de buenas decisiones, de buen vivir, de bien pensar.

Entonces no pertenezco a ese grupo de privilegiados, que se trazan un camino con meta y después de merodear solo un poco, la alcanzan con júbilo profundo y unas ganas inconfundibles de compartirlo con el mundo entero, exagerando los desvíos, describiendo como “frustrante” todo lo que no iba en la dirección. En esta etapa de mi vida (reitero que puedo estar bastante cruda) reconozco que ha sido un acto –el tercero- inconsciente e irresponsable, haberme descubierto siendo feliz a pesar de todo. Y digo “a pesar”, no porque haya tenido desastres inminentes, hechos atropelladores, desvíos de esos que hablan los realmente felices. Y esa inconsciencia, esa irresponsabilidad, ese “a pesar” lleva consigo el acto más tremendamente desobediente que yo hubiera cometido jamás. Me fui en contra, ya lo dije que no fue por virtud, de las reglas sociales.

No tuve un retiro espiritual –estaba muy chiquita-, no tuve una depresión –no hubiera tenido para las medicinas-, no hice el viajero –no clasificaría del todo-; no tuve tiempo de darme cuenta que estaba creciendo y que tenía que ser responsable, y obedecer. La vida me pasó tan rápido (hasta ahora me doy cuenta) que no tuve tiempo de ser obediente. Y lo agradezco.

Ahora, si hubiera ido a uno que otro retiro, y también hubiera estado medicada; si tuviera un número latente en el que alguien decidiera clasificarme y yo cargar con ello, pues también, en ese punto, podría decidir ser desobediente. Así que, no es una invitación, o mejor, hagamos de esta carta la mejor invitación, a ser desobedientes. A tratar de amenizar los problemas, las personas, los hechos que nos señalan negativamente, con jugadas ágiles y precisas: que no falte el humor, compartir las desgracias, los buenos amigos que lloran y no solucionan nada; que no falte esa embriaguez, de inmadurez o de amor, para disculparnos de no seguir con lo que nos pide la sociedad, y nos reprocha al no seguirlo. Que podamos levantar la cabeza, una y otra vez, y hacernos responsables de todas las torpezas cometidas, porque al final salieron siendo justamente lo que necesitábamos para ser felices -de los del todo, de los de poquito, o mejor, de los sinceramente felices-.

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Como les prometí, hice este artículo para todos los que algún día tienen ilusión de ir a este plan, o simplemente quieren saber más de esta experiencia, que yo describo como una de las mejores que hemos tenido en familia, y tal vez una de las más mágicas de mi vida.

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ESTÉTICA

El diseño del barco es hermoso y obviamente, cosas como los papeles de colgadura, los tapetes, los cuadros y estatuas, hacen alusión a los personajes de Disney. Hay lugares específicos de algunas películas. El barco es muy bonito, al entrar, quienes hemos tenido experiencias en otros barcos tenemos la noción de que es “pequeño”, pero van pasando los días y cada vez vemos más acogedor al lobby donde ocurren muchos de los encuentros con los personajes. Es homogéneo en cuanto a diseño y eso facilita que podamos ubicar fácil todas los lugares. Tiene dos sellos muy especiales: el primero, del confort americano, que genera espacios amplios, baños abundantes y cómodos, bebidas imilitadas, entre otras cosas, y el segundo, el sello de Disney, que garantiza una experiencia mágica en cuanto a diversión de grandes y chicos.

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DIVERSIÓN

Lo primero que uno se imaginaría cuando compra este crucero es que está invirtiendo en la diversión de los hijos. No señor, eso es un error. El crucero está pensado para que todo el mundo pase unas vacaciones increíbles, incluyendo a los adultos también. Vimos a muchas parejas sin hijos en el barco que nos confirmaron esta teoría.

El barco se encarga de dejar un itinerario en el cuarto todos los días en donde se exponen todas las actividades del día siguiente, tanto para los niños como para los papás, las actividades están diseñadas para todas las edades y no hay ninguna hora que quede descubierta en cuanto a planes para hacer. Obviamente, las piscinas y splash zone están abiertos casi todo el día; el barco tiene rodaderos gigantes y chéveres para los niños.

Incluso en los días en que está planeada la visita a alguna isla, el barco tiene actividades para quienes decidan no bajarse. Algunas de las actividades que visitamos fueron: las citas especiales para tomarse fotos con los personajes, la fiesta de piratas en donde nos teníamos que disfrazar, la pólvora en el deck, cine, el piano and guitar bar en vivo, Mariana estuvo en el club de niños en una tarde de experimentos. Además de estas actividades vimos que hubo una carrera de 5k, shows de comedia, una clase de martinis, entre otros. Todos los días, además de lo anterior, hacen dos funciones del show principal del día que es de la talla de Broadway: artistas en escena que cantan, bailan y actúan espectacular; el teatro tiene un sonido y unas luces impresionantes y ni hablar de la escenografía. Nosotros vimos Tangled (Rapunzel), Charmed (Cinderella II), y DisneyDreams (Un musical para creer en los sueños donde salen muchísimos personajes de Disney), y se los juro, lloré en todos. Entre la nostalgia de haber crecido con cada una de las historias, ver a mis hijas con esos ojitos de ilusión y poder disfrutar de eso hoy, en familia, no sabía cuál era la razón principal por la que no paraba de llorar. Creo que este solo ítem, sin contar nada de lo espectacular del resto del barco, lo vale todo.

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CLUB DE NIÑOS Y GUARDERÍA

En el barco hay un club de niños en donde se pueden quedar solitos (sin los papás) y realizar actividades. Este club tiene como condición que los niños ya tengan control de esfínteres y no tiene costo adicional. Mariana se quedó un par de veces y pasó delicioso. Apenas nos montamos al barco, nos dieron una manilla con chip que permite que siempre sepamos dónde está el niño. Además, del club nos van enviando mensajes tipo “Mariana quiere que la recojan” o “Mariana está disfrutando la actividad”. Esto hace que personas que no cuentan con ayuda en su rutina, puedan descansar realmente y pasar unas vacaciones recargadoras de energía; y asistir por ejemplo, a los shows de comedia, al restaurante o a las cursos de martini que dan en el barco, o simplemente hacer una siesta sin los niños.

El barco también cuenta con una guardería para los más pequeñitos. Esta sí tiene costo adicional de 9 dólares por hora (relativamente económico) para que los padres puedan dejar sus bebés algunos ratos y puedan relajarse.

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LAS ISLAS QUE VISITAMOS

El barco programa unas visitas a las islas según la ruta que uno escoja. Nosotros estuvimos en Cozumel y Castaway Cay (la isla de Disney).

En Cozumel nos bajamos, tomamos un taxi y nos fuimos a una playa a 20 minutos del puerto, pues donde los barcos deben parquearse no hay playa para disfrutar. La tripulación del barco es generosa en este sentido pues aunque uno no tome el paquete turístico de Disney, sugieren otras opciones para uno disfrutar. En la playa nos ofrecieron comida, juegos en el mar como brinquitos, lisaderos, paddle boarding, motos de agua, entre otros.

En Castaway Cay también nos bajamos, como esta isla es de Disney todo lo que se encuentra en ella está incluído en el precio del barco (alimentación, juegos de playa). El día estuvo lluvioso entonces no nos quedamos mucho tiempo abajo, sin embargo vimos que con un día soleado las actividades son infinitas como bicicletas, zonas de splash, sky surfing, paseos en lancha, visita a las mantarayas, snorkeling, entre otros.

Sin embargo, si uno decidiera no bajarse del barco, igual puede disfrutar de las piscinas, actividades y restaurantes como si fuera un día a bordo.

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LOS CUARTOS

Los cuartos son cómodos, las camas deliciosas. Algo que me sorprendió y que jamás había visto fue que el baño de nuestro cuarto, que no era top, tenía bañera. Las niñas pasaron delicioso con este ítem cada que llegaban de la piscina, o de la playa. El cuarto está dotado con lo mismo que cualquier hotel 5 estrellas, la línea de productos de higiene es de alta gama, obvio con MickeyMouse en los empaques. Algo muy especial que nos pasó fue que a Mariana una de las cosas que más le gustó fue el Camarote (cama encima de la otra). Se sentía como toda una marinera jajaja. El personal que arregla el cuarto lo hace dos veces al día, y siempre deja chocolates, la programación o información adicional y hace muñequitos con las toallas (tienen talento jajaja).

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LA ALIMENTACIÓN

Algo muy especial de este barco y que no tiene ninguna otra compañía en la que me haya montado, es que la comida principal (la cena), se da en varios restaurantes. Casi siempre en los barcos te otorgan una mesa que debes visitar todas las noches, pero en este barco, aunque el número de la mesa y el personal que atiende no cambia, el restaurante sí. Esto hace que uno no se “aburra”, y que la comida sea mucho más amena, pues los niños se sorprenden con el ambiente distinto, la decoración, y lo que tienen para divertiros en cada restaurante. Un día les hicieron sombreros con las servilletas, otro día vimos a los personajes, otro día los meseros cantaron para nosotros, en uno de los restaurantes hay pantallas en la mesa que van mostrando cómo pintaron a cada uno de los personajes de disney. Es alucinante cada espacio y como si fuera poco, le ponen un menú a cada niño con crayolas, les permiten rayar los manteles, y el menú tiene actividades como encuentra las diferencias, adivinanzas, y dibujos para colorear.

La comida es exquisita. El menú es amplio, tanto para los niños como para los adultos, y tiene opciones desde lo más chatarra, hasta lo más saludable para ambos. El personal es súper amable en sugerir opciones y antes incluso de nosotros llegar al restaurante, las bebidas que siempre pedíamos estaban allí esperándonos.

Aparte de esta cena, el barco cuenta con varias opciones para comer todo el tiempo. Un buffet con mil opciones está disponible por tres horas en cada comida, y es delicioso. También la comida típica amerciana tipo perro caliente, hamburguesa, pollo, coleslaw, pizza y papitas, está disponible todo el tiempo. Hay estaciones más saludables en donde había frutas y wraps integrales y hay servicio de room service sin costo adicional 24 horas (Muy importante para los bebés que toman leche por ejemplo, pueden pedirla sin cargo adicional todo el tiempo)

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EDADES DE LOS NIÑOS

Esta pregunta es tal vez una de las más comunes para saber si sí “vale la pena” planear unas vacaciones a bordo del barco. Mis chiquitas tienen 2 y 3 años, y aunque disfrutaron todo el tiempo, pienso que la edad ideal es de 3 en adelante, porque sí notamos la diferencia entre ambas sobre todo al poder disfrutar de las actividades del club de niños. Sin embargo, pienso que Disney es para todas las edades, piensan en todos los públicos y todos disfrutan, independientemente de la edad. Es importante anotar que en el barco lavan los teteros, tienen facilidades para los coches, la comida especial, sillas en los restaurantes y la mejor diposición para que uno no se estrese y pueda disfrutar efectivamente de las vacaciones.

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TIENDAS A BORDO

El barco tiene tiendas a bordo tipo las de los parques, en donde encontramos ropa, souvenirs, juguetes, joyas, carteras, comida, maletas, pero todo marca Disney. Los juguetes, por ejemplo, me parecieron más económicos que en las tiendas que he ido, pero la ropa más costosa. Sin embargo, un buen tip para que los niños no se empeñen en comprar y comprar, es decirles que pueden ver todos los días todo, pero que solo al final del crucero les vamos a comprar 1. Eso hicimos nosotros y nos funcionó sin pataletas.

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COMUNICACIONES EN EL BARCO

El barco cuenta con Wifi pero es muyyyyyy costoso. Tienen como filosofía que es un plan familiar y lo que menos quieren es que los papás se conecten todo el tiempo, dejando de disfrutar el momento. Por eso los precios son tan elevados (taaaan elevados, que solo alguien con negocios muy importantes lo pagaría en casos de emergencia).

En los cuartos desde que llegamos, encontramos dos teléfonos que funcionan como wlakietalkies entre la gente que está allí y no tienen ningún costo.

Además, apenas las reservas del barco están en firme, pudimos bajar una App que nos hizo una cuenta regresiva para el viaje y, una vez en el barco, nos contaba qué actividades había en ese momento y tenía también un chat para las personas del barco.

En estas dos opciones nos avisaban del club de niños las novedades.

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PRECIOS

Hay muchos precios según los planes pues hay barcos que son de tres noches, otros de cinco y hasta de diez. Los cuartos también son un factor determinante a la hora de establecer el precio final ya que puede ser sin vista, con ventana al mar, con balcón, y la altura del cuarto también genera costos.

Pueden buscar toda la información adicional en www.disneycruise.com

Espero que les haya gustado este review
¡Un abrazo!

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LA ALIMENTACIÓN ADECUADA 👧❤👶Como padres, este tema es uno de los que más interés nos genera, y queremos siempre garantizar que nuestros hijos tengan los nutrientes necesarios para crecer sanos y fuertes. Es muy importante tener en cuenta que en la primera infancia  (hasta los 5 años), la ingesta de todos los grupos alimenticios es esencial (y en especial las proteínas), y debemos vigilar que a nuestros chiquitos, que son nuestro mayor tesoro, podamos efectivamente darles lo mejor. Nuestro cuidado en este período de tiempo va a generar en el cuerpo unos patrones, que se establecerán incluso hasta la vida adulta en la mayoría de los casos, es por eso que si logramos establecer una buena alimentación, no solo estaremos garantizando que nuestros hijos crezcan en ese momento, sino que estaremos sentando las bases para una vida saludable. Los tejidos, los órganos y los músculos requieren de proteínas de calidad para poder desarrollarse, y tenemos varias herramientas en nuestras manos para que esto suceda de la mejor manera:

🍜 La mesa es un placer para los adultos, no debe ser jamás un momento de batalla. Sentarse a la mesa con los hijos debe incluir un momento en familia donde se comenten cosas agradables y no donde se cuenten cucharadas o avioncitos.

🥗 Los platos deben ser coloridos y por esto entendemos que las frutas y vegetales nos ayudan a que nuestros niños sientan un interés por probar, experimentar y comer.

🍗 Las porciones deben corresponder según la edad, y el logro no es que el niño “se coma todo” sino que aprenda a autoregularse y sentir cuando esté lleno.

👨👩👧👶El ejemplo es sumamente importante, los adultos no debemos referirnos a cosas como “maluco”, “gas”, sino alentar al niño a que coma, que es delicioso.

🍝 Para lo anterior es ideal que la comida que come el bebé sea la misma que comen los otros miembros de la familia (blw)

Para garantizar que el niño consuma los nutrientes que requiere para crecer sano y fuerte, podemos valernos de una alimento lácteo según la edad, preparando un batido, una colada o alguna receta (a mí me gusta NAN® OPTIPRO® 3 Desarrollo) #MamaConAmor

Es necesario contar lo que nos pasa

 

ES NECESARIO CONTAR LO QUE NOS PASA👨‍👩‍👧‍👧💗 Dicen los reportes históricos que “al final de la Guerra Mundial, hubo una migración masiva de pueblos pequeños que se desplazó a las zonas urbanas y suburbanas. Esto propició un cambio de cultura, y se perdió la sabiduría y el apoyo de las familias extensas y los viejos amigos, y mutó la estrategia básica que permitió a otros colonizar exitosamente un continente”*. Los pioneros de antes, se reunían con otros campamentos para compartir experiencias de los viajes y tomar lecciones ajenas de supervivencia; y, en lugar de seguir con la costumbre, decidieron volverse solitarios, dejando en la sociedad la idea de que “cada uno solucionaba sus propios problemas”. Nunca más se reunieron a contarse las dificultades de la familia, y se creó también la imagen de que nada era difícil o malo, y que había hijos perfectos, y detrás, padres perfectos. De ahí surge la “¿intimidad familiar?”¿Qué es? El desconocimiento total de que a todos nos pasa lo mismo, y todos sufrimos por eso. La ironía de creer que hay familias perfectas y sin problemas, con hijos perfectos y sin problemas. Así como sufrimos porque el hijo no come, se pone grosero y no sabemos cómo hacer con algunas cosas, así mismo le pasa a la vecina, a la amiga, que no lo comenta, porque nos metieron la idea de que eso es intimidad. De todas mis charlas, las grupales son las más enriquecedoras porque oímos de los “atrevidos” que hablan en público, lo que a todos nos agobia en silencio. Y exteriorizar aliviana, sana y permite trascender, haciéndonos evolucionar como especie. Este es el porqué del blog. No estamos solos, a todos nos pasa todo. Ninguno es tan unitario para que le pasen cosas exclusivas. El dolor y el sufrimiento es común, y también las alegrías. Y contar lo que nos pasa ayuda a otros a salir adelante. Así que, me preguntan, ¿No te da pena contar tu vida en una página? No, si crea vínculos; no, si a alguien aliviana; no, si algo hago para que se quite el vicio de creernos mamás y papás perfectos con hijos perfectos🙏💗 A mí me pasa todo lo que a ustedes, solo intento sobre llevarlo y compartirlo, por si les sirve 😘❤ Los quiero mucho.
#MamaConAmor

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🙏💗 Hay un grupo de seguidores en esta comunidad, que me han escrito, una y otra vez, con dolor. Un lado de ellos disfruta ver a Mariana y a Elisa crecer, y otro lado de ellos sufre por no poder celebrar lo mismo, por imaginar una realidad distinta a la suya, por aprender a la fuerza a esperar, por tener hijos con condiciones especiales a los que aman, tal y como yo amo a mis niñas. Yo no puedo decirles mucho de lo que viven, pero intento ponerme a menudo en sus zapatos y siento admiración. Alguna mamá de un video viral que compartí en el FanPage, contaba su historia y decía que tener un hijo especial era como planear un viaje a Italia y terminar, por cosas del destino, en Holanda. Pasar de tener todas las expectativas turísticas y comunes de Italia a conocer qué se hace y qué se come en Holanda, no había sido fácil, pero definitivamente, enriquecedor. Hoy les traigo un artículo de una de esas mamás, que ha celebrado conmigo cada cosa que comparto, sabiendo que en Holanda también se ama y se ama mucho, aunque sea un destino desconocido para la mayoría. Y con esto quiero ser incluyente y decirles que si bien me queda difícil hablar de otras realidades, las reconozco, las apoyo y las amo; aquí va:

“Me encantaría que cuando fueras a “leer” este artículo cerraras tus ojos y pidieras a alguien que lo lea, porque más que leerlo, este artículo hay que sentirlo.  Cierra tus ojos….siéntelo y disfrútalo.

Yo no tengo estudios académicos sobre sicología, pedagogía, educación infantil o algo similar. Soy mujer, trabajadora independiente, publicista, especialista en gerencia de mercadeo y mamá. amo cuidar de esos seres transparentes que lo único que tienen para dar es verdad y amor.

Raquel es mi hija, nació tan gordita, tan grande, peludita y sin una arruga…. parecía de casi un mes. Todo estuvo bien siempre. Crecimiento, peso, talla…y como es mi hija, es perfecta para mí. Raquel se desarrollaba bajo la tabla de progresos pediátricos así que todo fue muy normal.

Cerca de los dos años, la profesora con la que hacíamos estimulación me dijo que la niña parecía con bajo tono muscular, efectivamente Raquel fue diagnosticada con hipotonía leve. En estas situaciones siempre me pregunto: qué hay que hacer y vamos para adelante. Terapias y terapias……de repente estaba inmersa en un mundo clínico diario que debían hacer que Raquel saliera adelante y fortalecieran cada músculo de su cuerpo, día a día me sentaba en las salas de espera a escuchar la retroalimentación de una terapeuta, cada tarde para mí significaba un gasto lleno de amor que sacaría adelante nuestra hija, hice amigos sentada esperando, entendí un mundo que no pensé que iba a conocer. El mundo de los niños discapacitados, si, los niños que en otros espacios no “son normales”.

Con estos días comenzaba a crecer en mí una leona inmensa (soy muy bajita), una leona que iba a defender su cría de los perversos comentarios de una sociedad imprudente. Si, esto le genera un retraso en el lenguaje y la gente en los parques, en los restaurantes hasta en tu propia casa, comentan: “es que es muy mimada, por eso no habla”, “que falta de cuidado, parece no tener la estimulación adecuada”, “seguro está cuidada por una empleada en casa y la pegan al televisor o a esas tabletas”, sólo yo sé cuánto dolor sentí en mi corazón, porque pocos saben lo que es pasar las tardes de tu hija en una clínica día a día hasta que por fin lanza una sola palabra. Porque a mi hija me le dedico yo de sol a sol, porque si la mimo es mi problema y siempre que quiera hacerlo lo haré sin temor a equivocarme porque la mejor medicina es el amor. Comprobado.

El tiempo me hizo muy fuerte, tanto que cuando quisimos otro hijo y los médicos dijeron que su retraso en el lenguaje iba más allá de la hipotonía que debíamos buscar la causa. ¡Después de muchos exámenes con los mejores médicos lo encontraron! Raquel es diagnosticada con síndrome Phelan McDermid. Ya sé que no sabes que es. ¡Pocos saben, es una enfermedad huérfana, solo cerca de 1.400 niños en el mundo están diagnosticados, en Colombia y hasta donde supe, sólo hay poco más de 9, en Cali mi ciudad, sólo 1 y esa es mi hija! ¿Cómo creen que me sentí?

Normal, un día más en la clínica y le dije a mi esposo, vamos a comer helado! Tenemos que celebrar. Si! Hay que celebrar, a uno la vida no le da nada que no pueda cargar, la vida es una belleza si sabes vivirla. Me sentí tan alagada de que Raquel me hubiera elegido como su mamá, saber que ella nos escogió y que yo iba a realizar el mejor trabajo por ella es únicamente halagador. Jamás sentí derrota o cansancio, jamás me he sentado a cuestionar por qué me tocó a mí, jamás la veo como la denominan en algunos lugares cuanto te hablan de los “niños normales”. Jamás.

Lo único que hago es tratarla como lo que es, una niña normal.

Pese a la poca teoría al respecto del síndrome mi hija no tiene nada de lo que dicen trae el síndrome, ni autismo ni enfermedades del espectro autista, ni debilidad en órganos internos, está mejorando su hipotonía y ya está comenzando a hablar. El síndrome tiene como característica principal mutilar o retrasar gravemente el lenguaje y a su alrededor las condiciones mencionadas anteriormente.

No sé quién me está leyendo, sólo sé que hay un único camino para continuar el viaje y se llama amor. No hay más. Le hablo todas las noches, le digo lo grande y fuerte que es, le recuerdo que nos habían dicho que no iba a saltar y que ahora salta y salta hasta que el sueño llega y se la lleva a dormir, le doy las gracias por ser como es, por elegirme, por ponerme a su papá en mi vida, le digo que ella es igual o mejor que los demás, le insisto en que se va a comer el mundo solo que le tenemos que dar ventaja a los demás niños porque ella es maravillosa, y yo? Mientras tanto yo me reconozco lo fuerte que he sido, lo constante que tengo que ser para lograr resultados y no bajar la guardia.

Los resultados están a la vista, ella salta, corre, está en escolarización normal, ya comienza a hablar, es un ángel inmenso; de hecho, su fisionomía no refleja su diagnóstico.

Algo me queda claro, tus hijos son lo que tú ves en ellos, lo que tu deseas para ellos. A unos nos cuesta más que a otros, pero si quieres un “hijo normal” vas a tenerlo, sólo tiene que visualizarlo y trabajar para ello.

Yo no sé dónde queda el alma, pero estoy segura que, si existe y que duele muchísimo, sobre todo cuando te tocan un hijo, pero… ¡ah! favor que te están haciendo, es justamente eso, lo que te hace fuerte.  Si me preguntan, sí quiero otro hijo porque sé que puedo ser la mejor mamá del mundo una y otra vez.

¡Ah! Y no te olvides que mi hija es la niña más linda del mundo al igual que tu(s) hijo(s)”

Por: Kika Mazo

Instagram: @kikamazo

Cel: 3216463268

Correo: kikamazo@gmail.com

Hijo vs. Sociedad

 

HIJO VS. SOCIEDAD🤔💖 Creo, deliberadamente, en que nuestra “graduación” como padres ocurre el día en que nuestros hijos se enfrentan a solas con la sociedad. Ya sea un intercambio, la vida laboral o el matrimonio, siempre habrá un momento de quiebre en el que entendemos que “no vendrá papi a ayudarme, y que mami ya tiene suficientes asuntos de qué ocuparse para yo ser uno más”. El desligarse de la familia como solucionadores imprescindibles de todo, nos hace dar el paso de inmersión a la sociedad, y ésta undudablemente nos acoge, o nos rechaza, en la medida en que nuestros padres nos hayan entrenado con las habilidades suficientes para entender la dinámica y ser parte de esa sociedad a la que pertenecemos. No pasa nada si malcriamos un niño, pero el día en que se enfrente a la sociedad, le tocará “a las malas” adaptarse o saldrá rechazado. No preciso hacer un estudio de la sociedad en la que vivimos, pero depende de la cultura sabremos más o menos a qué atenernos. Dentro de casa ningún niño tendrá problemas, mientras la mamá pueda excusarlo todo el tiempo de sus malos comportamientos, pero el día que busque complacencia en los ajenos, entenderá que es bien escasa. Los límites bien puestos son un regalo para nuestros hijos, unas “rodilleras” para las zancadillas que de por sí la vida nos pone, una habilidad bien distinta a la obediencia, que nos permite entregar buenos seres humanos a la comunidad que es el mundo. Formar un “tiranito” es re fácil, y digamos que como padres llega un día en que no nos pertenece y nos “desencartamos” de él. Pero como ciudadanos del mundo tenemos el reto de evolucionar nuestra especie, de entregar mejores personas. Ahí está nuestra misión, en graduarnos de padres entregándole al mundo buenas personas, seguros de sí mismos, con metas claras y con respeto por la humanidad. 💖💖💖 Los niños felices a veces no son útiles para la sociedad. Me inclino más porque sean felices, no a costa de lo que sea, sino dentro del respeto por el otro. Primero yo, pero después el otro💖 ¿Qué piensan de esto?👇
#MamaConAmor

Año y medio

 

MI BEBÉ AL AÑO Y MEDIO 💗👶 Elisa está cerquita a este corte de edad y quiero compartirles varias cosas de este momento que son regla general, pero si sus bebés no cumplen con alguna o están avanzados en otras, es normal, no es un motivo de estrés sino más bien de saber qué vamos dejando, y qué nos espera. A mis 19 meses yo:
⛤PUEDO:
– Hacer sonidos de mis animales preferidos
– Llamar a papá, mamá, hermanos o personas de mi confianza
– Hacerme entender con palabras y señas para obtener lo que quiero, o rechazar lo que no me gusta.
– Explorar los espacios, gatear, caminar, subir escaleras con ayuda.
– Comprender instrucciones simples como señalar partes del cuerpo, objetos.
– Jugar con el mismo juguete de 2 a 5 min
– Ayudar a que me vistan
– Comer con mis manos
– Cantar pedazos de canciones y bailar.
⛤ESTOY APRENDIENDO:
– A armar frases.
– A identificar las emociones que me genera el entorno, y la respuesta que debo tener.
– Que en unos espacios está mi mamá y en otros no, pero ella siempre vuelve por mí. – A lanzar pelotas
– A meter objetos pequeños en recipientes
– A escuchar un cuento entero
– A compartir, a veces comparto con facilidad pero casi siempre me cuesta.
– A generar empatía, dar besos y abrazos cuando me siento feliz
– A jugar con otros niños – A subir escaleras alternando los pies y a saltar con ambos pies
⛤NECESITO:
-Tiempo en cantidad y de calidad de mis padres
– Que me enseñen con amor y paciencia mis emociones
– Que me hablen claro, me lean y me canten, que me lleven al parque y a jugar con otros niños
– Una rutina que me de seguridad y me permita saber qué sigue
– Explorar los espacios con la supervisión de un adulto – Que me enseñen los límites de todo lo que pienso es posible hacer.
⛤ME GUSTA (Elisa):
– Sentirme amada
– Estar en familia – Bailar y cantar
– Meterme a la piscina
– Acariciar animales
– Jugar con mi hermana
💗💗 Información con colaboración de @laarboledamijardin
#MamaConAmor

Objeto transicional

 

EL OBJETO TRANSICIONAL 🐻🐯 Es básicamente un peluche, chupo, muñeco, cobijita, recipiente, al que los niños se aferran y le guardan un especial cariño, y al que quieren llevar a casi todas partes. Hay expertos que se han dedicado a investigar este “fenómeno”; algunos dicen, radicalmente, que es por el “abandono” de sus padres; otros, con más razón creo yo, concluyen que simplemente funciona como “ancla” pues si siempre lo tienen, es algo permanente en su mundo, no como todo que aparece y desaparece constantemente (lugares, cosas, padres). Mariana no tuvo objeto hasta los 3 años. Un día, en una visita a la casa de mis padres, encontró este Tigger que era de mi hermana, sucio y abandonado ya, y decidió adoptarlo, por encima de todos sus juguetes “nuevos”. Los expertos tampoco se explican por qué es uno y no otro ese objeto, lo que sí saben es que no es impuesto, por más que intentemos. Mariana no siempre está con Tigger, pero le gusta llevarlo al jardín y dormir con él cuando estamos en casa, si salimos de casa ni se acuerda que existe. Es un gran aliado cuando los llevamos a sitios en que ellos no se sienten tan seguros como citas médicas y casas ajenas. Es un problema cuando, por accidente, se nos queda para ir al jardín. Lo que sí es un hecho es que respetaré su amistad hasta que Mariana decida archivarlo como uno más de sus juguetes, y tengo que reconocer que el muñequito ha despertado en ella una intuición maternal gigante: le cambia los pañales, lo alimenta, le enseña a hacer popo en el baño, le lava los dientes… y también le sumo puntos que, aunque Mariana está pequeña, se siente responsable de él, no lo deja en otros lados por nada del mundo. Me acostumbré a la compañía de Tigger y le cogí cariño, en estos días en ausencia de Mariana, hasta le motilé las lanas sueltas 😂😂
#MamaConAmor